tengo una mala noticia

De: meu Iphone

Fecha: 19 de junio de 2016 11:19:04 GMT+02:00

Para: mdabbadie@gmail.com

 

Somos ese adiós que escondimos detrás de un hasta luego

somos algo, pero no somos nada.
nos vemos de vez en cuando,
más por casualidad que por voluntad propia
no asumimos porque no queremos,
tampoco hablamos lo que en voz baja pensamos
porque algo nos lo impide y nos molesta
pero me buscas
y te busco,
Y por muchos esfuerzos, siempre vamos a contracorriente.
Una vez tú, una vez yo.
no sé si no queremos encontrarnos
o no queremos perdernos.
y el empezar significa terminar.
Así que fingimos que no somos nada,
que lo somos todo.
Para simplificar.

Pero simplificando lo complicamos todo aún mas.
y entonces no entiendo, ni tu entiendes.
Ni lo que pienso yo, ni lo que piensas tu.
Por eso un adiós tuyo sera la pieza mas valiosa del puzzle.
No un hasta luego, un adios de los buenos.
De los que hacen daño, de los que arrancan una lágrima hasta al más sabio de los ascetas.
Pero tu eres cobarde y yo lo soy aún más

Porque si no me vas a das la mano y vamos a dar la vuelta al mundo, dime esa palabra que esconde el fin detrás de sus cinco letras.

y no me digas mas que estas pensando, porque tus reflexiones junto a las mias, son la combinación que nos lleva al desastre.

 

Enviado do meu iPhone

m.d’abbadie

la estupidez consentida

Todos somos ciegos, sordos y mudos por alguien en algún momento.

Sin darse cuenta, lo que nos avisan nuestros amigos, lo que leemos en revistas, blogs, posts etc.. es invisible a nuestros sentidos.

Ya no ves las imperfecciones y haces oídos sordos a cualquier advertencia que tenga como objetivo señalarte el campo de batalla en el que te encuentras perdido.

 

june

 

Y probablemente las palabras se te queden cortas para describir lo que tienes por dentro.

Todos sentimos alguna vez esa impotencia de verse inadecuado, de verse paralizado por algo o alguien que nos deja “bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda“.

Pero solo es temporal.

Yo he sido ciega y sorda últimamente. Pero no muda. Se ve que lo de estar callada nunca será lo mío. He dicho alto (aunque a veces no demasiado claro), lo que pensaba y lo que no pensaba. Quizás ese haya sido mi problema, pensar demasiado y sin fundamento y hablar poco de lo que realmente quiero.Por que al final, todas las situaciones complicadas tienen una solución simple escondida.

Probablemente esa situación que parece tan sumamente complicada puede acabarse contestando a una simple y básica pregunta. Y probablemente la respuesta a ésta última pueda ser un duro Sí o un triste No.

El problema, es que a veces las preguntas más simples son las más complicadas de plantear. Son las más difíciles de sacar a la luz porque en la mayoría de los casos, ese 50% de posibilidades de encontrarse con la respuesta indeseada, hace que nos acobardemos, y nos volvamos no sólo ciegos, sordos y mudos, si no también un poco gilipollas.

Gilipollas ilusos y gilipollas decididos a aferrarse a un clavo ardiente.

GIlipollas con derecho a plantearse hasta lo más simple y que tan cristalino parecía.

El problema es que cuándo uno se da cuenta de lo gipollas que ha sido, empieza la espiral de replanteamiento personal. Te enfadas contigo mismo por haber sido ciego, sordo y mudo. Y gilipollas.

Casablanca-Bogart

 

Hasta que no nos aceptemos tal y cómo somos, con torpezas e ilusiones incluidas, no seremos capaces de sentirnos libres de sentir y pensar lo que de verdad nos mueve.

Y, ¿qué mas da un poco de estupidez consentida?

Mientras sea voluntaria y escogida, esa estupidez puede abrirte esas puertas que tu conciencia cierra sin darse cuenta.

Y es que al final, todo lo que sube, baja, todo lo que empieza, termina y todo lo olvidado, algún día se recordará.

m.d’abbadie

el pasado simple y el futuro complicado

woody

 

Espero volver a verte, cuando nuestras vidas tengan algo mas de sentido y nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Espero que mi mente sea menos caótica y la tuya menos complicada. Que yo no busque llenar una ausencia y que tu no busques suplir un deseo momentáneo.Espero que tu mirada vuelva a cruzarse con la mía, con esa manera e intensidad que caracterizan nuestra pasada… ¿relación? No sé, llamémoslo x.

Lamentablemente somos la llama y el gas del uno y del otro.

Por separado quizás funcionemos mejor, pero en la misma habitación, cualquier gesto descuidado o palabra desplazada, crean el ambiente que ni tú ni yo sabemos manejar. Y entonces explota.

Exploto yo, con una fuerza, o una rabia, o algunos dirán pasión, que desconocía antes. Explotas tú, con una impotencia por no poder explicar, ni entender lo que en tu mente intentas razonar.

Y empiezan las medias preguntas con medias respuestas. Algunas ni siquiera tienen sentido porque nosotros no tenemos sentido. Llegan las dudas, las inseguridades y también el cariño. Porque también hay de eso. Y es lo que mas jode.

Todo lo que pudimos ser y no fuimos.

No sé porqué conjugo los verbos en pasado, será porque ya no veo un futuro, aunque me resisto a pensar que en algún momento volveremos a ser tu y yo. Simplemente, sin complicaciones y sin añadidos.

Quizás algún día vuelvas a ser una apuesta de largo plazo.

 

m d’abbadie.

 

las piezas que me faltan

 

Hoy me invento un nuevo concepto, que espero que no os sea familiar y que la verdad me hubiese gustado nunca llegar a conocer.

Relación rota. Esa que te duele aunque no quieras. Que te ha dejado marcas que desde fuera parecen invisibles, pero que llevas por dentro en silencio.

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Familiares, amigos o incluso amantes pasajeros, que sé yo. Gente a nuestro alrededor que algún día nos hicieron felices, nos sacaron la mejor sonrisa y que al mismo tiempo tenían la habilidad de encontrar hasta la última lágrima que albergaba nuestro cuerpo.

Yo he negado toda mi vida mi relación rota. Siempre he sido consciente de ello, pero nunca he querido aceptar el poco bien que me hacia. Pero cada vez veo más y más pedacitos de ella. Cada vez se me presentan más imágenes que no quise ver, o que no quise entender. Y cada vez, me recuerdo a mi misma que todas las lágrimas que en su día no lloré, saldrán de mi cuerpo traicioneras cuando menos me lo espere.

Sin embargo, no es el llanto que me arranca el problema de la cuestión. Es el no poder guardar aquello bueno, y dejar a un lado lo malo.

Es no poder hacer las paces conmigo misma.

Porque el problema, es que cuando el otro lado de la línea ya no está entre nosotros, no te puedes sentar a tomar un café y pensar en los errores del pasado.

No puedes remediar que se fue sin que te despidieras, o que no te acuerdas de lo último que os dijisteis, porque probablemente fuera algo sin importancia. Y según tengo entendido, allí arriba no tienen derecho a llamadas.

Lamentablemente en esta situación no podemos decir hello, from the other side.

No. El problema de estas relaciones es que necesitas entenderlas para poder superarlas. Necesitas sacar lo bueno para no mantenerte herida y en un constante estado de tristeza.

Y reconstruir una relación rota no es fácil. Los pedazos pueden ser demasiado pequeños, o haberse perdido piezas con el paso del tiempo.

mm

Tu memoria selectiva te juega una mala pasada y escoge por ti fragmentos que no querrías volver a vivir. Se te mezclan las intenciones y los sentimientos y ya no sabes si perdonar o seguir ignorando el sabor amargo que te inunda el cuerpo cuando recuerdas los buenos momentos. Te enfrentas a una batalla interna entre lo que quisiste recordar y lo que quieres ver ahora. Toda una contradicción que sólo incrementa tus ganas de dejarlo todo y olvidar.

Solo que ni tu cuerpo ni tu mente olvida.

Su recuerdo vuelve un día, al siguiente no. Pero al otro si. Y la tarea de salir y seguir adelante es toda tuya.

Es perdonarle. Es perdonarte. Es seguir viviendo.

m.d’abbadie

Bandera blanca, tiro las armas.

Y en el último día del año… el punto y final que nunca quieres poner, que intentas retrasar abusando de las comas y de los espacios. Sabes que lo tienes que dejar. Que tienes que terminar ese párrafo que quizás nunca debieras haber comenzado. Pero como todo pasa por algo, o eso quiero creer, empezaste con una mayúscula y seguiste rellenando espacio que no te era destinado.

Al final me toca a mi terminar esta frase, o este párrafo.

He llegado al punto de saturación y de no regreso. Ese en el que al mismo tiempo entiendes, y dejas de entender. Entiendes que ya no tiene demasiado sentido. Probablemente entiendas hasta el desarrollo de la cosa. Esos mensajes que hasta ahora no cuadraban dentro de la historia, o esos gestos que te descolocaban día sí y día también.

Al final, toca entender hasta la última coma.

Es difícil, decir adiós a algo que no quieres dejar de ver, algo que aún tiene cosas por vivir. Pero somos así. Hemos decidido ponernos en nuestro propio camino. Hemos decidido complicarnos la vida. Pero mejor te la complicas tú por tu lado y yo por el mío.

Porque si mis problemas son los tuyos y los tuyos los míos, entonces estaremos atados irremediablemente durante un período de tiempo, y mi salud mental (y probablemente mi corazoncito) ni pueden, ni quieren tomar parte en este asunto.

Así que lamentablemente, tendremos que decirnos adiós.

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Porque tu no estás preparado y yo así no estoy dispuesta a entrar en juego. No cuándo las reglas no están claras, y el campo no está casi ni dibujado. Tu dices que terminaré por hacerte daño, yo digo que terminaremos los dos con heridas de batalla. Heridas superficiales y heridas algo más profundas. Las primeras no me importan demasiado, porque ¿qué es la vida sin un poco de acción y de peligro? Las segundas sin embargo, no las quiero ver ni de lejos. Mi fuerza física y mental sigue recuperándose de viejas batallas y no tienen la capacidad para entrar de nuevo en juego. Y sobre todo, porque no sé dónde están mis límites contigo, porque un día me enfado y te grito y te insulto como nunca antes, y otro nos vemos de improviso, te miro y simplemente sonrío, me tengo que retirar. Te digo que crucis, que bandera blanca, que tiro las armas.

Te digo, que te vaya bonito.

m.d’abbadie