Novos sorrisos, novas histórias, novas pessoas.

E que venham novos sorrisos,
novas histórias,
novas pessoas.”



Hay historias de las que nunca nos hartamos. Películas que vemos hasta sabernos los diálogos de memoria, libros que leemos al menos una vez al año y canciones que en pocos minutos, te transportan a una realidad más querida.
¿Qué tienen en común todas estas cosas? 
Que todos estos objetos son soportes para historias.
Dramas, comedias, relatos cortos, largos, de ficción, novelas de guerra, epistolares, poesías, obras de teatro, rimas, versos, estrofas e incluso melodías, que describen una situación o una realidad alternativa. 

Estas historias que parecen eternas, tienen su parte buena y su parte no tan buena. A veces nos obcecamos demasiado con la trama y sus personajes, cuando en realidad están demasiado dados de sí y ya no tienen nada más que ofrecernos. Pero sin saber porqué, somos incapaces de regalar ese libro o esa película y desprendernos de la historia. Hay algo en ella que nos llama.
¿Será tal vez que al sernos tan familiar, nos hace sentir como en casa? ¿Que nos hemos encariñado demasiado con sus frases y sus personajes? ¿Qué tiene esa historia que no tengan otras?

Sin embargo, a pesar de lo racional y escéptica que soy, creo firmemente en el destino, o el karma, o como se quiera llamar. Y para mi, toda historia tiene un principio, pero también tiene un final. El final lo pones tu y sólo tu. Puede que te lo intenten imponer, pero no funcionará. Se dice que el tiempo decide a quien conoces en la vida, tu corazón decide a quien dejas entrar en ella y tu actitud quien permanecerá a tu lado.

Las historias no están hechas para ser repetidas si no reinventadas.
No se vive del pasado si no del presente y de lo que nos depara el futuro. 
No le des a Pausa, si no a Fast Forward.

Cambia de libro, cambia tu historia.
Por que la tuya si la puedes cambiar, la que está en los libros y películas es estéril e inmóvil  pero tu aún tienes mucho por contar.  

M.D’Abbadie



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Parón en la M-30

Ayer volviendo de Getafe City, me pasó algo que odio con toda mi alma y probablemente todos los conductores entiendan porqué. Salí de la M-40 para entrar en la M-30 y me encontré con que ésta estaba parada. O al menos eso parecía. Pasé de Cuarta a Segunda, y después a Primera, y reduje velocidad, pasando de 70 a 20 km/h. Esas sensaciones que te dan rabia, porque tu no quieres ir a 20, quieres ir rápido y no perder tiempo. Y te enfadas, no se sabe muy bien con quien, pero tu humor empieza a cambiar y a cada parón, tu nivel de adrenalina sube. En tu cabeza sólo oyes “venga, avanza, que pasa! porqué nos paramos! joderrrr!”.
Pues bien, hay veces que después de 10 min parados, la circulación mágicamente vuelve a fluir, y tu te pasas todo el camino mirando a los alrededores intentando ver un accidente, o un control, o un carril cortado, en definitiva,algo que pueda explicar el atasco y la pérdida de tiempo. Pero, por razones incomprensibles, no encuentras nada raro en la carretera, ninguna señal del porqué. En tu cabeza te resignas y dices “Pues no entiendo nada”.

Después del parón de entrada a Madrid de ayer, me puse filosófica y pensé: “ahora mismo, mi vida es un atasco continuo”.

Y lo digo completamente en serio. Hay momentos en los que simplemente, no vas a 100 km/h si no a 40. No sabes porqué, pero tu vida por un momento se queda en STAND-BY. Te levantas por la mañana, vas a clase o estudias, vuelves a tu casa, vas a entrenar/gimnasio/baile/loquesea, estudias, cenas, sales, duermes, te despiertas, te levantas etc etc etc… Y así los días pasan, y por alguna razón extraña, sabes que te falta algo. Hay quienes lo llaman pasión, otros dicen que falta amor, otros chispa, mi abuela dice que me falta espiritualidad, en resumen, cada quien lo explica como puede y quiere.
En mi caso, me falta inspiración.

No escribía nada desde el 17 de Septiembre. No porque no quisiera, si no porque realmente no tenía nada interesante que contar. No digo que esto sea interesante, pero para mi es importante, y solo escribo cosas que para mí tienen sentido.
Estas últimas semanas, se me pasó por la cabeza varias veces escribir sobre diversos temas que me daban vueltas, pero nada me inspiraba lo suficiente.
La verdad que me da rabia porque me aburro. La gente que es inquieta por naturaleza no es propensa a aburrirse, porque siempre tienen algo que hacer o en que pensar y nos molesta intensamente quedarnos sin recursos. Por eso, solemos apuntarnos a todo tipo de actividades, que tengan sentido o no (véase mi reciente furor por el rugby femenino) para que llenen esos huequitos de tiempo que podrían dar lugar a un momento de aburrimiento.

Yo sigo buscando un nuevo proyecto. Podría ser un viaje, podría ser una nueva afición, podría ser una nueva amistad o una nueva pasión.
Para los que como yo estén buscando, tened en cuenta que son las pequeñas cosas las que hacen la diferencia y que aunque a veces no lo parezca, todo llega.

Y si queréis algo más inmediato, dicen por ahí que les gens heureux lisent et boivent du café.

M.D’Abbadie