El porqué de un Silencio

Ultimamente estoy encontrandole un sentido práctico a mi carrera en el que enfoco mis conocimientos (mas bien pobres) en situaciones incomprehensibles del dia a dia. En particular, el Derecho Administrativo (odiado y odioso), me ha resuelto más de una incognita sin ni siquiera quererlo. Hace unos meses, me encontraba frente a una prerogativa en la que no sabía qué era lo correcto y qué era “pasarse de la raya”, pues bien, estudiando para mi final de Administrativo, llegué a la conclusión de que “todo lo que no está prohibido, está permitido”, filosofía que en áquel momento me dio carta blanca para una serie de acontecimientos altamente deseados.

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Pues bien, en estos días de largo estudio y poca actividad social, llegué a la conclusión de que mi humor negro y mal dormir eran seguramente consecuencia del aburrimiento y de temidos asuntos sin resolver. Por ello, dispuesta a llenarme de buena fé y de espíritu conciliador navideño, hice lo que llevaba algunos meses queriendo ( y no pudiendo) hacer. Enviar un simple mensaje. La acción es simple en sí, lo complicado es el destinatario.

Después de darle algunas vueltas, decidí optar por un sms “casual”, con un objetivo muy simple: saber de su vida. Y ya, si possible, saber el porqué del silencio. Una película y 8 capítulos, de mi última adquisición literaria más tarde entré en mis Imessages y ví, que no sólo me había recibido, si no también leído. Maldita tecnología. Esto es masoquismo puro. Sin embargo, como soy de naturaleza bastante crítica y esceptica, en vez de agobiarme, apagué el móvil y decidí no querer ver su respuesta (si es que me respondía), hasta pasadas unas 48 horas.

48 horas más tarde. Silence Radio. Es decir, rien, nothing, nichts, nada.

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Cuando estaba ya al borde de mi ataque de histeria personal ( que consiste en borrar el mensaje, borrar el numero de la memoria, y seguir pa’lante), me acordé de un expediente de declaración de lesividad que había estudiado en la materia citada enteriormente, meses antes. De lo realmente académico, sinceramente no recuerdo nada, pero hay algo de ese expediente que me cautivó. El Silencio Administrativo. Y lo que es más importante, el silencio administrativo positivo y negativo.

Para ser breve, significa que al iniciar un procedimiento ante la Administración y no obtener respuesta después de un plazo establecido, se puede asumir el silencio administravo positivo o negativo según los casos.
Mi reflexión fue la siguiente. ¿Podríamos asumir nosotros también un silencio administrativo al pasarse un plazo de respuesta? Negativo o Positivo, pero un silencio. Por que realmente, no es el sentido de la respuesta lo que nos molesta, si no el simple hecho de no contestar. Nos molesta el que no te dedique ni un segundo (que es lo que cuesta contestar) de su tiempo.

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Lamentablemente, si así fuera, si pudiésemos aplicar esta regla administrativa al día a día, los silencios negativos serían, sin dudarlo, superiores en número y cantidad a los positivos.
Porque aun que a veces cueste reconocerlo, el silencio administrativo es la primera señal del fracaso amoroso.

m.d’abbadie