nosotros, vosotros y las #selfies

“You is kind. You is smart. You is important”

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Éstas son las palabras de Aibileen, la criada de Mae Mobly en Criadas y Señoras (The Help, Kathryn Stockett) que durante un tiempo importante se quedaron grabadas en mi cabeza hasta el punto de escribirlas en un post-it que llegué a pegar en el espejo de mi baño.

Eres preciosa. Por dentro y por fuera. Repítelo varias veces hasta de verdad creérlo. Es, en toda regla, una llamada a la seguridad en sí mismo, a la apreciación de lo que uno es y no de lo que “debería” ser. Es un mensaje que hoy en día, habría que repetir mucho más.

Algunos me dirán, “ no, hoy en día la gente se quiere mucho”. Cierto, yo muchas veces veo fotos en Instagram, Facebook o similar y me pregunto a dónde va el mundo. Pero últimamente, el fenómeno #selfie, me llama más la atención por otras razones.

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Soy de esas personas que en rara ocasión se hacen #selfies. Si, lo sé, tengo poca gracia. Pero lo cierto, es que no me gustan, me incomodan. Soy de esas pesadas que pasan vergüenza cuando en un restaurante una de sus amigas saca un #selfie stick (para los que aún no lo han sufrido, es un palo para poner el móvil, estilo gopro y así hacerse todavía aún más #selfies). No tengo snapchat, no me gusta hacerle fotos a mi comida y sólo me gustan las fotos de más de dos personas. Alguna vez sí que lo he intentado, he de admitirlo, pero la frustación ha sido tan grande que hace tiempo desistí. Evidentemente hay #selfies y #selfies. No nos confundamos las fotos ocasionales con el fenómeno que estamos tratando aquí. Ellen Degeneres & Co fueron de los mejor de los Oscars en su #selfie porque se acercaron mucho a nosotros al ofrecernos un gesto común y habitual. Pero el abuso de ello es lo que a mi me preocupa. La necesidad constante y continua de exponerse.

Hablando de este tema, me han llegado a decir que el miedo al #selfie (aunque no considero tenerle miedo, pero enfin) denotaba falta de seguridad en mi misma, lo cual yo asimilé y después de darle algunas vueltas, decidí discutir. Si al no hacerme #selfies, denoto inseguridad, ¿significa esto que los que cuelgan en Instagram susodichas fotos a todas horas, tienen más confianza en sí mismos? Permitidme que lo dude.

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Es cierto, yo no me hago #selfies porque el 98% de las veces no me gusta como salgo y soy demasiado “self concious” para compartirla con nadie. Pero esa persona que tres o cuatro veces al día (si no son más) sube una foto suya, ¿se quiere más?

Después de pasar por un proceso de maquillaje, de búsqueda del ángulo perfecto y de la luz adecuada, se finaliza por la elección del filtro que hará maravillas. Decidme entonces, ¿qué queda del reflejo real de esa persona? ¿Qué imagen es la que se ve en esa cuenta de Instagram? o más bien, ¿qué personalidad se ha creado después de todo ese proceso?

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Para mí, todas esas #selfies, son una llamada de aceptación, esos likes, esos comentarios. ¿Para qué sirven? ¿Porque nuestro ego viene alimentado por esos gestos de aceptación virtual? Si necesitas más de 50 likes en tu foto de Instagram antes de que pasen 15 min de su publicación, no es que te gustes a ti misma y que por ello poses delante de la cámara, es que necesitas posar delante de ese objetivo, para que los otros te aprueben y tu poder estar tranquila contigo misma. Y eso, no se llama aceptarse. Es todo lo contrario. Es una nueva manera de autoafirmarse, sin realmente quererse.

Y ahí es dónde me acuerdo de las palabras que repetía Mae Mobly “you is kind. you is smart. you is important”. Porque todos deberíamos aprender a querernos un poquito más en el día día, en carne y hueso, tal cuál como somos, y menos en Instagram, Snapchat, Facebook o cualquier red social que se precie.

Alguien debería recordarnos que somos kind, smart e important. Quizás ellos puedan.

m.d’abbadie

nb: evidentemente, no todo el que se hace #célfies entra dentro de esta categoría, es una caricatura de la exageración.

cuando Madrid se puso de moda

Hoy me he terminado un libro muy peculiar. Un libro escrito por un español, exiliado en París desde hace 30 años. Digo que es un libro peculiar, porque logra explicar la juventud bajo la dictadura franquista, la transición y la movida madrileña siendo adolescente y la decadencia de la post-modernidad. Todo esto, en francés. Para un público francés. Que nada sabe de la Movida Madrileña. Como digo, todo un descubrimiento.

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Sin embargo, no es la forma lo que más me ha llamado la atención del libro. Si no más bien, el fondo. Porque en realidad, es una vuelta al pasado. Como si viésemos Cuentame Como Pasó (cuando todavía era una serie con sentido y no se habían arruinado los Alcántara ocho veces). Y yo, como tantos otros, soy hija de los 80. Lo explico mejor. Nací en los 90, pero mis padres fueron precursores de los 80, es decir, que vivieron la Movida como los que más en los 80, en Madrid. Y como mis padres, los de casi todo hijo de vecino. ¿Y cuál es el resultado? Una generación que ha crecido con casetes (que no discos), de Radio Futura vociferando su amor por la moda juvenil, con Alaska cantando a los cuatro vientos que ella es así y que nunca cambiará y con los Celtas Cortos contándonos un cuento. Hemos bailado al ritmo de La Chica de Ayer de Nacha Pop e imaginado toda una historia de mujer fatal con Veneno en la Piel de Andrés Calamaro ( o Radio Futura, según). radio-futura-26-06-13-a1 Los viajes en coche a San Sebastián se hacían bajo el lema de “horror en el hipermercado, horror en el ultramarinos” y todos conocemos la historia de Los Secretos, a los que alguna chica dejó, y por eso cantaban eso de “déjame, no juegues más conmigo, esta vez, en serio te lo digo”. En verano cantábamos la Escuela de calor y enrojecíamos cuándo tocaba decir eso de “y hagamos el amor en el balcón”. Por otro lado supimos que existía una “Fruta de la pasión”  e inocentemente tarareábamos la canción, sin saber que la letra era en sí, bastante explícita. A todo esto, Miguel Ríos nos invitaba al Rock and Roll en “Bienvenidos”.

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Pero yo creo que la que más nos gustaba, era esa de Hombres G de finales de los 80 (si mal no recuerdo) y que decía “sufre mamón, devuélveme a mi chica, o te retorcerás entre polvos Pica Pica”. Creo que la mezcla de la palabrota ( si, con 7 años mamón era una palabrota) que al cantarla se volvía legal y nos ahorraba una visita al lavabo con una limpieza de boca sabor “agua y jabón” y de chuches, nos hacía volvernos locos a mis primos y a mi al escucharla en el radiocasete. via lactea Y lo más gracioso de todo, es que seguimos escuchando de vez en cuándo estas canciones. Y cuándo nos reunimos unos cuantos, nos las sabemos todos y no hay quien nos pare. Basta con que alguien empiece para ponernos todos al lío cuál campamento de verano. Por eso hoy, le quiero rendir un pequeño homenaje a ésta gran época, que nació con nuestros padres, creció con nosotros y espero no se pierda entre tanta tontería. Buenas noches a todos, m.d’abbadie ps: se me olvidan mil canciones, pero no las puedo poner todas. pss: no soy experta en la materia, puedo cometer errores de fechas o similar. pss: me refiero a Madrid por que es dónde mis padres vivieron los 80, pero no es exclusivo de la ciudad.

#tolerancia #respeto #libertad #Charlie

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“Un hombre muy rico decidió un día construir un lugar que pudiera ser de utilidad a una multitud de gente. Después de una larga réflexion, llegó a la conclusión de que lo mejor sería construir un lugar de culto. Siendo él mismo de religión hinduista, decidió construir un templo hindú. Eligió un emplazamiento hermoso, rodeado de árboles y situado a las afueras de una gran ciudad. Esperó con impaciencia el desarrollo de las obras y cuando la construcción del templo fue terminada, sintió una satisfacción insuperable.

Sin embargo, y a su gran tristeza, el templo resultó estar la mayor parte del tiempo vacío. Decidió entonces construir una iglesia, puesto que había oído decir que había muchos cristianos en el mundo. Entonces, los hindús dejaron de ir y en contra partida algunos cristianos se dieron allí cita para asistir a misa, pero no eran demasiados. El hombre rico decidió entonces construir una sinagoga, para los judíos. Como pasó anteriormente, esta vez los cristianos dejaron de asistir, dejando solos a los judíos en la sinagoga. Como tampoco llegaban a un número elevado, el hombre, después de una larga reflexión, decidió abatir la sinagoga y construir una mezquita ya que tenía entendido que los musulmanes practicaban su religión rigurosamente. Los Hindús, Cristianos y Judíos, dejaron de asistir y los musulmanes no consiguieron tampoco llenar el lugar.

El pobre hombre se encontraba ya desesperado, sin encontrar una solución para réunir a todo el mundo a través de la religion.

Entonces, después de una noche de insomnia, decidió empezar todo de nuevo y construir esta vez, un parque de deporte.

Con una sonrisa vio, que cada día cristianos, hindús, judíos y musulmanes se daban cita en el parque para disfrutar de sus familias y de sus propias costumbres. El parque los reunía a todos, sin hacer distinciones entre religiones o nacionalidades ”

– Cuento tradicional hindú –

No al radicalismo. No al extremismo.

Convivamos. Juntos. Aprendamos los unos de los otros.

La petite robe rousse con #Charlie

La petite robe rousse por la Libertad de Expression.

La petite robe rousse por la #tolerancia

charlie

m.d’abbadie