Bandera blanca, tiro las armas.

Y en el último día del año… el punto y final que nunca quieres poner, que intentas retrasar abusando de las comas y de los espacios. Sabes que lo tienes que dejar. Que tienes que terminar ese párrafo que quizás nunca debieras haber comenzado. Pero como todo pasa por algo, o eso quiero creer, empezaste con una mayúscula y seguiste rellenando espacio que no te era destinado.

Al final me toca a mi terminar esta frase, o este párrafo.

He llegado al punto de saturación y de no regreso. Ese en el que al mismo tiempo entiendes, y dejas de entender. Entiendes que ya no tiene demasiado sentido. Probablemente entiendas hasta el desarrollo de la cosa. Esos mensajes que hasta ahora no cuadraban dentro de la historia, o esos gestos que te descolocaban día sí y día también.

Al final, toca entender hasta la última coma.

Es difícil, decir adiós a algo que no quieres dejar de ver, algo que aún tiene cosas por vivir. Pero somos así. Hemos decidido ponernos en nuestro propio camino. Hemos decidido complicarnos la vida. Pero mejor te la complicas tú por tu lado y yo por el mío.

Porque si mis problemas son los tuyos y los tuyos los míos, entonces estaremos atados irremediablemente durante un período de tiempo, y mi salud mental (y probablemente mi corazoncito) ni pueden, ni quieren tomar parte en este asunto.

Así que lamentablemente, tendremos que decirnos adiós.

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Porque tu no estás preparado y yo así no estoy dispuesta a entrar en juego. No cuándo las reglas no están claras, y el campo no está casi ni dibujado. Tu dices que terminaré por hacerte daño, yo digo que terminaremos los dos con heridas de batalla. Heridas superficiales y heridas algo más profundas. Las primeras no me importan demasiado, porque ¿qué es la vida sin un poco de acción y de peligro? Las segundas sin embargo, no las quiero ver ni de lejos. Mi fuerza física y mental sigue recuperándose de viejas batallas y no tienen la capacidad para entrar de nuevo en juego. Y sobre todo, porque no sé dónde están mis límites contigo, porque un día me enfado y te grito y te insulto como nunca antes, y otro nos vemos de improviso, te miro y simplemente sonrío, me tengo que retirar. Te digo que crucis, que bandera blanca, que tiro las armas.

Te digo, que te vaya bonito.

m.d’abbadie