la estupidez consentida

Todos somos ciegos, sordos y mudos por alguien en algún momento.

Sin darse cuenta, lo que nos avisan nuestros amigos, lo que leemos en revistas, blogs, posts etc.. es invisible a nuestros sentidos.

Ya no ves las imperfecciones y haces oídos sordos a cualquier advertencia que tenga como objetivo señalarte el campo de batalla en el que te encuentras perdido.

 

june

 

Y probablemente las palabras se te queden cortas para describir lo que tienes por dentro.

Todos sentimos alguna vez esa impotencia de verse inadecuado, de verse paralizado por algo o alguien que nos deja “bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda“.

Pero solo es temporal.

Yo he sido ciega y sorda últimamente. Pero no muda. Se ve que lo de estar callada nunca será lo mío. He dicho alto (aunque a veces no demasiado claro), lo que pensaba y lo que no pensaba. Quizás ese haya sido mi problema, pensar demasiado y sin fundamento y hablar poco de lo que realmente quiero.Por que al final, todas las situaciones complicadas tienen una solución simple escondida.

Probablemente esa situación que parece tan sumamente complicada puede acabarse contestando a una simple y básica pregunta. Y probablemente la respuesta a ésta última pueda ser un duro Sí o un triste No.

El problema, es que a veces las preguntas más simples son las más complicadas de plantear. Son las más difíciles de sacar a la luz porque en la mayoría de los casos, ese 50% de posibilidades de encontrarse con la respuesta indeseada, hace que nos acobardemos, y nos volvamos no sólo ciegos, sordos y mudos, si no también un poco gilipollas.

Gilipollas ilusos y gilipollas decididos a aferrarse a un clavo ardiente.

GIlipollas con derecho a plantearse hasta lo más simple y que tan cristalino parecía.

El problema es que cuándo uno se da cuenta de lo gipollas que ha sido, empieza la espiral de replanteamiento personal. Te enfadas contigo mismo por haber sido ciego, sordo y mudo. Y gilipollas.

Casablanca-Bogart

 

Hasta que no nos aceptemos tal y cómo somos, con torpezas e ilusiones incluidas, no seremos capaces de sentirnos libres de sentir y pensar lo que de verdad nos mueve.

Y, ¿qué mas da un poco de estupidez consentida?

Mientras sea voluntaria y escogida, esa estupidez puede abrirte esas puertas que tu conciencia cierra sin darse cuenta.

Y es que al final, todo lo que sube, baja, todo lo que empieza, termina y todo lo olvidado, algún día se recordará.

m.d’abbadie

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